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Aculturación y salud

Como ya hemos comentado, la mayoría de inmigrantes que actualmente residen en España son musulmanes y rumanos, los cuales durante el proceso migratorio han sufrido muchos cambios que abarcan todas las esferas de la persona, biológicos, físicos, políticos, económicos, sociales, psicológicos y culturales.
Todo esto va a influir en la forma que se socializan, en sus valores y en sus creencias. Que a su vez, va a influir en su salud y en cómo la perciben.
El término aculturación tiene que ver con el término cultura, el cual se refiere tanto a la comida y los hábitos alimentación, ropa, herramientas, como a los comportamientos, normas sociales, rituales, valores y creencias. En resumen, la cultura es un conjunto compartido y creado por una población, el cual se trasmite de generación en generación. Es importante destacar que, aunque la cultura sea la misma para determinada comunidad, no es vivida de la misma manera por todos los miembros. 
Así, cuando una persona tiene que migrar hacia otro país, se produce el contacto directo con individuos con otro valores, comportamientos y hábitos distintos debido a su cultura, creando, de forma directa e indirecta, una influencia sobre la persona migrante; y como consecuencia, el cambio o aculturación. 
A lo largo del tiempo, las actitudes de los migrantes se mueven entre el mantenimiento de sus rasgos culturales y la adopción de los rasgos propios del país al que han emigrado. Según este modelo de aculturación, el éxito en la sociedad a la que ha viajado consiste en el biculturismo, es decir, asimilar un término medio entre las dos culturas. 
Sin embargo, la mayoría de las ocasiones las personas emigrantes no consiguen adaptarse bien, ocasionando problemas de adaptación y marginación, lo que repercutirá seriamente, tanto en su salud física, como mental.
Unido a todo lo que hemos comentado, las personas inmigrantes tienen además una serie de barreras en el acceso a los servicios de salud durante todo el proceso de de atención. Siendo una de ellas, la relacionada con el ámbito cultural y de actitudes, tanto de la persona inmigrante como del profesional. Ya que la relación profesional-paciente se ve afectada por los sentimientos de estas personas hacia la medicina occidental y las tecnologías utilizadas en las pruebas complementarias, con la aplicación de sus propios valores. 
Asimismo, apenas se valora el papel de las creencias sobre el origen de la enfermedad, normalmente muy diferentes de nuestra cultura, y las cuales no son negativas en cuanto al tratamiento. 

Como conclusión, todo esto, junto con la barrera idiomática, dificultan una buena relación terapéutica, la empatía y confianza con las personas inmigrantes, lo que origina malentendidos y escaso cumplimiento. Y si al llegar al país receptor, los datos indican que los inmigrantes tienen mejor salud que las personas autóctonas, al cabo de 10 años de residencia, se produce un empeoramiento significativo. 

Para saber más sobre este tema, os dejamos el enlace directo al artículo de donde nos hemos documentado:
https://eprints.ucm.es/38834/
Imagen representativa de la comunicación entre dos personas

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